Un Diario Bogotano
Ante tantas cosas buenas de esta ciudad, de la que se jactan muchos, vamos a dar un paseo junto con un transeúnte para el cúal, no hay mucho de que jactarse y más bien si, mucho sobre qué reflexionar. En esta Bogotá beta +, que sigue teniendo la posibilidad de considerarse una ciudad mundial como Londres o Nueva York, pasan muchas cosas que ante los ojos de un ciudadano, están generalmente mal, muy mal, acompañadas por esporádicos y solitarios ciudadanos de bien
jueves, 16 de agosto de 2012
El Crédito Hipotecario (de la avaricia bancaria al abandono del cliente)
jueves, 17 de mayo de 2012
El ladrón confundido
jueves, 12 de agosto de 2010
12 de Agosto
viernes, 6 de agosto de 2010
06 de Agosto
viernes, 16 de julio de 2010
07 de Julio de 2010
El Juego de Las Miradas
La chica miraba a dos hombres en frente que dialogaban, mientras tanto un niño, sobrino de alguno de los hombres, observaba a la chica mientras que yo observaba como observaban. De cuando en vez alguno de los hombres observaba a la chica, entonces la chica quitaba su mirada y si me observaba en ese preciso instante en que yo la observaba a ella, entonces tenía yo que observar a tres señoras comadronas a mi lado derecho o al niño en frente mío y que estaba al lado derecho de la chica, o simplemente observaba a través de alguna ventana.
Escribía yo esto mientras los observaba, quien sabe qué pensaría la chica o el niño, por los demás, aseguro que no pensaban nada que trascienda a este instante.
jueves, 10 de junio de 2010
10 de Junio 2010
LA LLAMADA MISTERIOSA
La señorita se presentó diciéndome que yo había sido seleccionado como un feliz ganador por haber participado en rifas de establecimientos comerciales. La empresa, según dijo ella, llamada Arlos Group, era nueva y estaba incursionando dando estadías gratuitas de tres noches y cuatro días en hoteles de 3 a 5 estrellas, claro esta, teniendo presente mi buena suerte como ganador. Obviamente a esa altura de la conversación mis sospechas y desconfianza eran máximas, ha de ser porque sé que "de eso tan bueno no dan tanto" y porque “nada en la vida es gratis”, sin embargo seguí el juego de la señorita que se encontraba al otro lado del teléfono y quien con alguna especie de coqueteo esperaba agradarme. Luego de exponerme lo mismo pero con adornos, me preguntó por mi estado civil y mi edad, posteriormente quiso saber si realizaba mis compras en efectivo, con tarjeta de crédito o con las dos, afirmé la última opción, entonces, luego de preguntarle si realmente esto no tenía ningún costo y de escuchar que efectivamente era gratuito, la señorita “la sacó del estadio” diciéndome "lo esperamos mañana en X dirección, el único horario permitido, por ser usted un feliz ganador, es de 5:30 a 7:30 de la noche, recuerde llevar su tarjeta de crédito, la cual no será manipulada pero es su carta de presentación para adquirir la cortesía". Colgué diciendo que efectivamente iría a la cita (a la que evidentemente no iré) y no sin antes solicitar un número telefónico fijo y celular de la dichosa empresa. Inmediatamente marqué al teléfono fijo y me contestó la misma señorita, entonces colgué, luego busqué en internet por el nombre de la empresa y por los números telefónicos pero no encontré ninguna información.
Empecé a recordar en que otra rifa había participado y la verdad no lo había hecho en ninguna aparte de la de aquel carro, por tal motivo decidí dirigirme al famoso centro comercial para informar sobre lo sucedido (si me llamaron a mí, habrían llamado a mucha más gente). Una vez en el centro comercial, la señorita de información me dirigió a las oficinas de administración, primero entró ella mientras yo esperaba en una sala, luego de algunos minutos me solicitó que siguiera, me encontré con una mujer sentada en su escritorio y con ciertas ínfulas a primera vista, me preguntó que necesitaba; no alcancé a contarle la historia cuando me interrumpió diciendo "raro porque esas boletas las tenemos aquí" señalándome una caja que a mi parecer no podría contener todas las boletas que vi aquel día de la rifa, sin embargo intenté continuar con mi relato pero fui interrumpido nuevamente, esta vez me dijo "usted no ha estado en otra rifa, no ha sacado tarjetas de crédito..." a lo que nuevamente contesté que no, que era consciente que en la única rifa en la que había participado era la de aquel carro, sin embargo esta mujer, más incrédula que con actitud de escucharme, me dijo "pues bueno gracias, lo tendremos en cuenta", empero, luego de esperarla unos 5 minutos mientras hablaba por su celular puesto que le había entrado una llamada, insistí en terminar mi argumento, a lo que nuevamente me contestó que las boletas estaban guardadas e intentó darme una explicación de lo que sucedía "debe ser que usted sacó alguna tarjeta y le piden que lleve su tarjeta para salir con un plan turístico comprado". Al ver que esta mujer lo que quería era cuidar sus intereses, decidí decirle que yo cumplía con informar y que suponía que a mucha otra gente la llamaron con el mismo argumento.
Luego de retirarme mi reflexión no pudo ser otra a la obvia, dichosa mujer no haría nada al respecto y si fuese cierto que mi información la extrajeron de aquellas boletas, dichosa mujer cuidaría su trabajo como fuera diciendo que las miles de boletas seguían en aquella pequeña caja, por otro lado la misteriosa empresa, con la cual no pude comunicarme nuevamente (teléfono fijo dañado y celular apagado) embaucará mañana a muchos ingenuos que aún creen que las cosas se ganan fácil, bien sea por ignorancia o por ilusiones frustradas. Yo seguiré sorprendiéndome de las cosas que pasan en esta ciudad en donde cada uno, como puede y como sea, consigue lo que quiere.
miércoles, 9 de junio de 2010
08 de Junio de 2010
Luego de unos 10 minutos llegó una ambulancia a la estación, la cual aparcó justo en donde el bus, que seguía retrasado, debía parar. Una paramédico descendió de la ambulancia para verificar los signos vitales de la señorita y en ese momento el tan esperado bus se acercaba a la estación, era obvio que no podría parar en ese vagón porque estaba la ambulancia y era obvio que no pararía en ningún otro porque no debía obstaculizar el tráfico de los otros buses, sin embargo, la turba no lo entendió y empezó a gritar a la policía y a la paramédico diciéndoles que se llevaran a la joven: “quítenla de ahí”, “ese bus nunca pasa y ahora nos toca esperar otra media hora”, “sirvan para algo”; y luego de insultos, amenazas de bloqueo y algunos empujones, la ambulancia arrancó con la señorita abordo aún desmayada en la camilla.
Tal sería mi sorpresa al pensar que la muchedumbre prefería su regreso inmediato a casa que la vida de una persona aparentemente desmayada, sin embargo ninguno de los presentes podía certificar que no fuera algo más grave. Solo una humilde persona junto con otra más acomodada auxiliaron a la muchacha ante el silencio del amigo asustado y ante la ausencia de un médico 'inexistente' entre la masa de gente. El derecho a la vida, inviolable como lo cita el artículo 11 de la Constitución Política de Colombia, fue desconocido para aquella multitud que a duras penas llega al segundo estadio de Kohlberg, el individualismo, y el cual, seguramente, nunca van a superar.