Ante tantas cosas buenas de esta ciudad, de la que se jactan muchos, vamos a dar un paseo junto con un transeúnte para el cúal, no hay mucho de que jactarse y más bien si, mucho sobre qué reflexionar. En esta Bogotá beta +, que sigue teniendo la posibilidad de considerarse una ciudad mundial como Londres o Nueva York, pasan muchas cosas que ante los ojos de un ciudadano, están generalmente mal, muy mal, acompañadas por esporádicos y solitarios ciudadanos de bien
jueves, 17 de mayo de 2012
El ladrón confundido
Transmilenio es sin duda un medio masivo no solo para la movilización, sino para el constante encuentro de culturas tanto nacionales como extranjeras, un medio para el reencuentro de esas frases y palabras que a veces parece se han perdido en la decencia como: "córrase "caballero"!!!", "qué le pasa hijueputa!", "cucho degenerado", "si ven que si cabíamos, no?", entre muchas otras no tan dicientes pero muy puntuales. También permite la reunión de trabajadores, pensionados, estudiantes, pervertidos y claro esta, ladrones-
Sucede que como siempre, esperando entre la multitud para subirme a un bus articulado, una mano extraña y ajena me tomaba por el brazo entre un forcejeo extraño entre no dejarme subir y llamar mi atención, luego de batallar entre la gente aglomerada en la puerta, con una mano abriéndome camino, la otra en mis objetos de "valor" como el celular y mis pies buscando un espacio en el suelo copado de de toda clase de calzado para avanzar, noté que aún dentro del bus, esta mano seguía jalonándome, razón por la cual decidí no seguir buscando mi posición estratégica, esa lejos de la puerta donde el empujón no llega, y pararme para mirar atrás al dueño de la mano. Resultó ser un tipo alto, de tes blanca pero curtida y opaca por la exposición al sol, una cara nada amigable y más bien desconfiable; parece que mi rostro causó el mismo impacto en dicho personaje porque sin más ni más retiró su mano y después de un segundo de duda atinó a preguntarme: "este bus dónde para?"; pregunta estúpida por cierto ya que el letrero electrónico con letras rojas no solo mostraba la próxima parada sino que una mujer robótica pronunciaba la parada y el destino a su vez. Luego de unos segundos en los cuales noté que aquel tipo vestía una chaqueta habana ancha, sucia y rota, unos jeans azules, desgastados, escurridos y sucios también, y que portaba un sobre de manila desocupado, supe que algo no andaba bien, sin embargo examiné mis bolsillos para verificar que nada faltara aunque mis manos nunca se hubieran apartado de allí y mire a mi alrededor para corroborar que el hombre no tenia secuaces al acecho, luego de eso casi que sin pensar le contesté con un número, referente a la próxima parada. Simultáneamente a mi respuesta el tipo se sentó en una silla azul (esas que son para mujeres embarazadas y gente con discapacidad) mientras que yo me acomodé de pie en un lugar lejano de la puerta. Luego de dos cuadras el bus paró, pues era su próxima parada, el tipo se bajó y se quedó detrás de la gente como esperando el siguiente bus y mientras mi bus se alejaba, pude ver como el hombre se retiraba de allí buscando otro vagón pero a la vez no buscando nada, era de esos tipos que no tienen un destino fijo y qué están buscando algo que no se sabe que es.
Después de todo, solo me quedó la duda de si me iba a robar, de si me iba a saludar o si de simplemente forcejeó entre la gente apoyándose en mi brazo, última hipótesis casi que improbable, no solo por su aspecto, por su pregunta y por su posterior desaparición. Cosas raras que pasan a diario.
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